ESTADOS UNIDOS Y LOS DERECHOS HUMANOS (SEGUNDA PARTE)

TRIBUNAL DIGNIDAD, SOBERANÍA Y PAZ CONTRA LA GUERRA

El señor de las guerras y las torturas; La casa matriz de la tiranía; Terror y muerte en Guantánamo y Un ícono de la anarquía

Bush, Rumsfeld, Negroponte, Powell, Rice, son entre otros, los actores de esta pesadilla. Nada los detiene en la orgía de sangre. El mundo ha visto -con horror- la fotografía de una niña iraquí cubierta el rostro con la sangre de su padre que fue asesinado por soldados US en el interior de un automóvil. La cabeza del hombre prácticamente había desaparecido al recibir decenas de balazos. Y, sin embargo, el imperio de Bush se atreve a cuestionar la situación de los derechos humanos en el mundo y pretende «inaugurar» o traer al mundo «más democracia». Segunda entrega.Quito (Ecuador) – 20 de mayo de 2005

El Señor de la guerra y las torturas

Uno de los tantos tétricos personajes de la administración de Bush II es Donald Rumsfeld, el Secretario de la Guerra o “Secretario de Defensa”.

Al igual que su jefe Bush, Rumsfeld es el responsable de ejecuciones extrajudiciales, de torturas y tratos crueles y denigrantes infligidos a centenares de prisioneros de guerra. Las cárceles del imperio son el escenario de tanta inhumanidad practicada sin freno por las tropas y agentes de la NAS, (siglas en inglés de la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos), en especial por los agentes de la CIA y del FBI.

Jim Lobe, periodista de IPS, el 11 de marzo de 2005 informaba que diversos grupos defensores de los derechos humanos y senadores opositores estadounidenses procedieron a criticar abiertamente al Departamento de Defensa dirigido por Rumsfeld, por pretender desvincular a los altos mandos militares del imperio, de la práctica común de torturas cometidas contra prisioneros de guerra y civiles en el marco de la “guerra contra el terrorismo”.

El Senado de Estados Unidos, dominado por republicanos adictos a Bush tiene las conclusiones de diversas investigaciones realizadas sobre torturas, tratos crueles y denigrantes ocurridos en los campos de concentración del imperio. Esos informes tratan de minimizar el problema y especialmente de liberar de inculpaciones a los altos mandos militares y a sus Comandantes Bush y Rumsfeld, al afirmar que “se trata de casos aislados y que las torturas no son consecuencia de una política general agresiva hacia los prisioneros”.

En contrapartida, el senador demócrata Carl Levin, del Comité de Servicios Armados, considera que es necesario formar una comisión independiente para investigar los casos de tortura que han sido denunciados y llevar a la justicia militar, si es necesario, a los altos mandos de las Fuerzas Armadas estadounidenses. Levin declaró que “nadie, dentro o fuera del Pentágono, (Sede del Departamento de Defensa) le ha pedido a los oficiales que den cuenta por las políticas que estimularon maltratos a los prisioneros”. Enfáticamente añadió que “solo puedo concluir que el Departamento de Defensa no es capaz de pedir cuentas a oficiales de determinado rango”.

El senador demócrata Carl Levin criticó el informe sobre violación de derechos humanos en contra de prisioneros de guerra, presentado por el vicealmirante Albert Church. Por su parte, el Director Ejecutivo del grupo estadounidense Derechos Humanos Primero, Michael Posner sostuvo que “los vacíos (del informe Church) demuestran la necesidad de una investigación independiente sobre nuestra política relativa al trato de los prisioneros”. Esta organización no gubernamental junto a la Unión por las Libertades Civiles Estadounidenses (ACLU, por sus siglas en inglés) presentó una demanda contra Donald Rumsfeld, a quien se considera el responsable directo de la práctica de torturas en contra de los prisioneros de guerra.

Según informa Lobe, son varias las organizaciones no gubernamentales estadounidenses defensoras de los derechos humanos que calificaron al Informe Church de “superficial”, sobre todo porque no tuvo en cuenta una serie de mensajes de correo electrónico del FBI en los que sugiere el consentimiento del gobierno de Bush, a la práctica de torturas.

Esas prácticas de torturas van desde la privación del sueño hasta la utilización de perros amaestrados para intimidar a los detenidos. Las torturas ejecutadas en la prisión de Abu Ghraib en Irak, son una muestra fehaciente del trato que tropas y agentes de la CIA usan para minar la resistencia de los detenidos. Los tratos crueles y denigrantes han llevado a la muerte a un número indeterminado de prisioneros a quienes se les despojó de su dignidad y de su condición de seres humanos con derechos.

Las evidencias en contra del Secretario de Defensa Donald Rumsfeld son contundentes y así constan en la demanda presentada ante un Tribunal de Chicago por la Unión de Libertades Civiles (ACLU) que es la más antigua de las organizaciones defensoras de los derechos humanos en Estados Unidos y por la Human Rights First (HRF).

Los demandantes sostienen que Rumsfeld “tiene responsabilidad directa en torturas y abuso de detenidos en instalaciones militares en Irak y Afganistán”. Rumsfeld, con sus actos violatorios de los derechos humanos, es reo de delitos perpetrados contra la Constitución Política de Estados Unidos y de las leyes y tratados internacionales.

Los tratados internacionales, suscritos y ratificados por Estados Unidos y que son violados por Bush y Rumsfeld, son la Convención de Ginebra referida al trato que se debe otorgar a los prisioneros de guerra, Convención, además, que ha servido de base para desarrollar el Derecho Internacional Humanitario que tiende a proteger a los prisioneros de guerra y a la población civil afectada por conflictos armados y, en particular, la Convención de la Organización de las Naciones Unidas contra la Tortura y otros tratos Crueles y Denigrantes.

Lucas Guttentag, principal redactor de la querella contra Rumsfeld, sin ambages sostiene que el Secretario de Defensa de Estados Unidos “es directamente responsable por este descenso al horror, al autorizar personalmente técnicas ilegales de interrogatorio y al renunciar a su deber legal de detener la tortura”. Tanto la ACLU como la HRF solicitaron para las víctimas de los abusos y torturas una compensación o indemnización por el daño sufrido en las cárceles o campos de concentración del imperio.

Los demandantes sostienen que Donald Rumsfeld, personalmente aprobaba el uso de técnicas específicas de tratamiento a prisioneros de guerra y civiles capturados por las tropas o agentes de la CIA. Entre las torturas más comunes se describieron: el obligar a los detenidos a permanecer en posiciones incómodas por tiempos prolongados, a permanecer totalmente desnudos, lo que constituye una grave ofensa al honor y dignidad de los iraquíes y musulmanes en general, al uso de perros amaestrados para intimidar a los prisioneros, inclusive, con prácticas de violación sexual anal o sodomía, (humillación sexual) mutilamientos, aislamiento prolongado, exposición a temperaturas extremas, privación de sensaciones, golpes con objetos contundentes, uso de electricidad, amenazas de muerte mediante simulación de ejecuciones y fusilamientos, ahogamientos, golpes de puño, patadas o golpes con palos y toletes en las partes más sensibles de hombres y mujeres.

Las denuncias sobre violaciones de derechos humanos están documentadas en decenas de testimonios, en fotografías captadas por los propios agentes torturadores, en miles de correos electrónicos, en confesiones de los torturadores de turno.

La crueldad de las tropas y agentes de la CIA va más allá de lo humano. Por ejemplo, un iraquí, de apenas 17 años de edad, fue detenido y conducido a la cárcel de Abu Ghraib en el mes de agosto de 2003. Allí recibió disparos de armas de fuego en el cuello y en la espalda y se le negó atención médica durante horas. Posteriormente, los médicos decidieron retirar las balas que permanecían alojadas en el cuerpo del joven; pero sin anestesia y seguidamente se le negó alimentos, agua y analgésicos, mientras se lo sometía a otros tratos crueles e inhumanos. Este caso consta en la demanda presentada contra Rumsfeld, según relato de 17 de marzo de 2005, presentado por Lobe, el periodista de IPS.

Los testimonios de los sobrevivientes a las infames torturas son simplemente monstruosos, terroríficos. Inclusive los propios norteamericanos se sienten horrorizados al ver en televisión, escuchar en radiodifusoras o leer los periódicos acerca de las torturas y asesinatos cometidos por sus tropas y agentes de la CIA, en contra de los denominados prisioneros de guerra.

Los periodistas Douglas Jul y Eric Schmitt, el 16 de marzo de 2005 denunciaban en las páginas del diario New York Times que, al menos 26 prisioneros han muerto bajo custodia estadounidense en Irak y Afganistán desde el año 2002. Los investigadores del Ejército y la Armada de Estados Unidos, concluyeron que sospechan que fueron actos de homicidio criminal.

Otro norteamericano, el intelectual y periodista Thomas Friedman, en The New York Times News Service, decía a fines de marzo de este año: “Hace falta detenerse y pensar en esto: nosotros matamos a 26 de nuestros prisioneros de guerra. En 18 casos, se han recomendado nombres de personas para ser enjuiciadas”. Una de las muertes ocurrió en la prisión Abu Ghraib de Irak.

Jehl y Schimitt, al reseñar las matanzas dijeron que ellas: “mostraron cuan ampliamente se extendieron los abusos más violentos más allá de los muros de esa prisión y contradijeron impresiones previas en cuanto que las fechorías estaban confinadas a un puñado de integrantes de la policía militar, perteneciente al turno nocturno de la cárcel.” Friedamn decía: “..matar prisioneros de guerra, presuntamente en el acto de torturarlos, es una indignidad inexcusable…” Criticaba al Congreso de Estados Unidos que se desentendió de las violaciones a los derechos humanos y a los asesinatos. Censuró que ningún funcionario de alto rango haya sido despedido, lo que constituye una burla. Afirmó que el Gobierno de Bush está a favor de la “propiedad” de todo, excepto de la responsabilidad de sus actos.

El New York Times, en la página editorial del 8 de marzo pasado, sostenía: “La noticia de la periodista italiana cuyo automóvil fue rociado con una lluvia de balas estadounidenses cuando se dirigía al aeropuerto de Bagdad pasmó al mundo. Pero, quizás, el peor aspecto acerca de haber herido a la reportera Giuliana Asgrena, y la muerte del agente italiano de los servicios de inteligencia que la estaba escudando, es que ese ataque no fue el único.”

Narraba, además, que el 18 de enero de 2005, soldados estadounidenses en Mosul recibieron órdenes de parar a un vehículo que se aproximaba. Después de hacer algunos disparos de advertencia, seis soldados rociaron el vehículo disparando al menos 50 rondas. Cuando el automóvil se detuvo por completo, Chirs Hondros, fotógrafo de Getty Images, dijo que él “pudo escuchar gemidos y llanto proveniente del interior del automóvil, voces de niños”. Se abrió una de las puertas del automóvil, y seis niños, uno de los cuales apenas tenía ocho años de edad, cayeron sobre la calle, salpicados de sangre. Los padres de cuatro de los niños yacían muertos en el asiento delantero, sus cuerpos repletos de balas…”

El 12 de marzo, la agencia española de noticias EFE, informaba desde New York que “dos prisioneros afganos murieron en diciembre del 2002 por palizas que recibieron de soldados estadounidenses. Los dos prisioneros fueron encadenados al techo, pateados y golpeados en muchas ocasiones.” La denuncia de estos crímenes proviene de la organización Human Rights Watch, sobre la base de un informe confidencial del propio ejército de Estados Unidos.

Otro prisionero afgano, Mullah Habibullah, murió el 4 de diciembre de 2002 en una celda de aislamiento, por una embolia pulmonar causada por coágulos de sangre formados en sus piernas por las palizas recibidas. Los militares estadounidenses que provocaron esa muerte pertenecen a la Compañía A del 519 Batallón de Inteligencia Militar, de Fort Bragg, Carolina del Norte, que estuvo en Irak. Son decenas los prisioneros muertos por torturas diversas en las que resultaron pródigos los invasores del imperio que reciben órdenes directas del Secretario de Defensa de Estados Unidos, Donald Rumsfeld, el señor de la guerra y las torturas.

Bob Herbert, de The New York Times Service, en su artículo de 25 de febrero de 2005, titulado “Nuestro Amigos, los torturadores”, al referirse a secuestros de ciudadanos de variada nacionalidad y de distintos países por parte de agentes de Estados Unidos, se pregunta: “¿Por qué el gobierno de Bush detendría a un ciudadano canadiense, lo pondría en un jet ejecutivo, los transportaría esposado al Medio Oriente y lo entregaría a los sirios para que lo torturen?”

Herbert sostiene que el Gobierno estadounidense dice que está combatiendo por la libertad, la democracia y el imperio de la ley, y condenan políticas brutales siempre que alguien se comporta así. Al mismo tiempo, afirma, se conduce con su propia conducta brutal mientras hace lo indecible por mantenerlo oculto del público estadounidense y del mundo en su conjunto.

Narra el caso de Maher Arar, de 34 años de edad originario de Siria, que emigró a Canadá cuando era un adolescente. Este ciudadano fue apresado en el aeropuerto Kennedy de Nueva York, el 26 de septiembre de 2002. Fue liberado el 5 de octubre de 2003. Nunca se le probó vinculación alguna con el terrorismo. “nunca fue acusado, y cuando no era tratado con crueldad, pasaba gran parte en una celda sin iluminación e infestada de ratas que le recordaba una tumba”, informó Herbert.

El administrador del imperio George W. Bush II es el Comandante en Jefe de los torturadores y secuestradores. Tiene brazos ejecutores de su política expansionista que globaliza el terror y las torturas, los genocidios y asesinatos. Ellos son Rumsfeld, el Secretario de Defensa, considerado el cerebro de las políticas de tortura a los prisioneros del imperio y que reclama mayor poder para dirigir a los asesinos y torturadores del imperio que deberían estar agrupados en superagencia, bajo su exclusivo mando; el Vicepresidente Cheney de la escandalosa compañía Halliburton que hace grandes negocios con la guerra, Condoleezza Rice la famosa Secretaria de Estado que, como Jefa de la diplomacia imperial, amenaza a Cuba, Venezuela, Corea del Norte, Irán, Siria y a varios países africanos. La lista de los halcones violadores de derechos humanos en el mundo es amplia y, entre ellos, Elliott Abrams, un veterano del Partido Republicano que se autodefine como neoconservador, neoreaganista y sionista (le faltó decirse neofascista) y que, irónicamente, ha sido nominado Jefe de Estrategia Mundial para la Democracia. En el grupo del terror está Negroponte, el famoso Zar de los espías del imperio, personaje considerado responsable del asesinato de miles y miles de guatemaltecos, hondureños, salvadoreños y nicaragüenses.

Tom Barry, periodista de IPS informaba en el pasado mes de febrero que Abrams fue, en el gobierno del fallecido Ronald Reagan, una figura clave en el escándalo Irán- Contras, esquema ilegal por el cual Washington financió a la oposición armada de Nicaragua, con los ingresos por ventas clandestinas de armas a Irán. Aseguraba que desde su nuevo cargo, Abrams supervisará las actividades del gobierno de Bush en “promoción de la democracia y los derechos humanos”. El mundo rechaza la democracia y los derechos humanos al estilo estadounidense.

LA CASA MATRIZ DE LA TIRANÍA

En todo el mundo se ha afirmado que Estados Unidos no tiene calidad moral para juzgar a otros países por la situación de los derechos humanos. Condoleezza Rice, la Secretaria del Departamento de Estado presentó, a fines de febrero, el “Informe” sobre violaciones de los derechos humanos y con toda desfachatez declara que Belarús, Birmania, Corea del Norte, Cuba, Irán y Zimbabwe eran “puestos de avanzada de la tiranía.”

Heather Mallick, columnista del diario canadiense The Toronto Globe and Mail, señalaba: Todos quedamos pasmados de manera colectiva cuando Rice mencionó reductos de la tiranía …Sabíamos que había algo equivocado en la lista de Rice. Tal vez tenía dolor de muelas cuando la compiló. Sí, Zimbabwe es un sitio muy desagradable bajo Robert Mugabe, pero era también un sitio muy desagradable cuando lo controlaban los blancos, y Estados Unidos no se quejó en esa época.

¿Irán? Si Estados Unidos ya está haciendo operaciones encubiertas dentro de Irán, algo que el Pentágono no ha negado, un estratega militar inteligente hubiese hecho mejor en no mencionarlo. ¿Y Birmania? Estados Unidos nunca se preocupó anteriormente por el monstruoso gobierno de Birmania. ¿No sería Indonesia un candidato mejor?

Corea del Norte, si forma parte del eje del mal, es una vieja historia. Pero Bielorrusia no es peor que Uzbekistán. ¿Y Cuba? Hubo épocas en mi vida cuando pensé que podía mudarme a la isla…esto es, si la nación más poderosa del mundo no hubiese estado siempre amenazando con borrarla del mapa…”

¿Cómo Estados Unidos puede criticar a un país, a un gobierno, sobre violación a los derechos humanos, si es el primer violador de todos los derechos, en todo el mundo atrapado en sus garras imperiales?

Sus tropas y agentes, en especial los de la CIA, matan, hieren, raptan, aniquilan, encarcelan, torturan a millares de inocentes iraquíes y afganos, como ayer mataron a chilenos y argentinos, uruguayos, brasileños, bolivianos, peruanos, colombianos, ecuatorianos, nicaragüenses, hondureños, salvadoreños, panameños, dominicanos, cubanos, granadinos, mexicanos, vietnamitas, coreanos, japoneses, alemanes.

Nada los detiene en la orgía de sangre. El mundo ha visto -con horror- la fotografía de una niña iraquí cubierta el rostro con la sangre de su padre que fue asesinado en el interior de un automóvil. La cabeza del hombre prácticamente había desaparecido al recibir decenas de balazos yanquis. Y, sin embargo, el imperio de Bush se atreve a cuestionar la situación de los derechos humanos en el mundo y pretende “inaugurar” o traer al mundo “más democracia”. “Algunos de nosotros, dice Mallick, seguimos pensando si su propia elección (como Presidente de Estados Unidos) no fue democrática en el sentido de conteo de votos, su intento de crear una “democracia” en Irak ha tenido un espantoso costo humano. Además, existe la cuestión de su propia noción de democracia. Para él, la democracia es todo aquello que se ajusta a sus deseos”.

Condoleezza Rice y su lista están equivocadas. En el mundo existen peores tiranías patrocinadas y apoyadas por el imperio, pero el famoso informe no se refiere a ellas y peor aún a las monstruosas violaciones de los derechos humanos dentro de Estados Unidos, en las cárceles imperiales instaladas en los países invadidos, en las instalaciones estadounidenses en el extranjero, como la Base de Guantánamo en Cuba.

En el artículo de Heather Mallick intitulado Bush pelea a brazo partido contra “el mal” se concluye: “Estados Unidos con su actual presidente, no es un puesto de avanzada de la tiranía, es su Casa Matriz”.


TERROR, TORTURA Y MUERTE EN GUANTÁNAMO

¿Sabía usted que en la Base de Guantánamo que, ilegalmente, Estados Unidos retiene en Cuba, están presos entre 500 y 700 talibanes de Afganistán y de otras nacionalidades? ¿Sabía que muchos de ellos han decidido suicidarse ingiriendo sus propias orinas y excrementos, porque ya no soportan las torturas, los tratos crueles, inhumanos y degradantes?

El influyente diario estadounidense Washington Post, informó que la Agencia Central de Inteligencia, CIA, mantuvo en Guantánamo una prisión secreta en la que se torturaba y asesinaba a los talibanes.

Las agencias de prensa AFP de Francia y EFE de España, informaron en febrero pasado que una organización no gubernamental, ACLU, (American Civil Liberties Union) defensora de los derechos humanos y de las libertades civiles, tuvo acceso a informes que agentes del FBI enviaron a sus jefes, sobre los terribles maltratos que soportan los talibanes en las cárceles de Guantánamo. Esos informes secretos sacudieron a la opinión pública estadounidense y mundial que acabaron por condenar al Secretario de Defensa Donald Rumsfeld, como el primer responsable de esas prácticas ilegales y monstruosas prohibidas por diversos instrumentos internacionales, de los que Estados Unidos es signatario.

En esos informes se dice, por ejemplo, que un detenido es dejado en el suelo, en posición fetal por más de 24 horas, sin comer ni beber.

En uno de esos textos, enviados en agosto pasado, al Director del FBI, Robert Mueller, un agente relataba haber visto a un detenido “en una habitación sin ventilación, a una temperatura probablemente superior a los 35 grados centígrados. El preso, además, tenía un manojo de cabellos a su lado. Aparentemente…se había arrancado durante la noche”

Jameel Jaffer, abogado de la ACLU sentenció: “Los métodos usados por el Pentágono son ilegales, amorales y contraproducentes. Es increíble que fueran aprobados en los más altos niveles del Estado”

Por su parte, la Human Rights Watch exigió al presidente Bush que explique si autorizó métodos ilegales de interrogatorio. El silencio fue elocuente.

Bob Herbert, un periodista de The New York Times News Service, en su trabajo: “Historias desde adentro” revelaba que el presidente Bush ha convertido a Guantánamo en un lugar desprovisto del debido proceso y el estado de derecho, donde seres humanos pueden ser encarcelados de por vida sin que le entablen cargos.”

Los testimonios que presenta Herbert son aterradores: “Durante todo el tiempo que estuvimos en Guantánamo -dijo Shafik Rasul- nuestro temor fue muy grande. Cuando llegamos por vez primera ahí, estaba por los cielos. Al principio, nos aterraba la idea de que nos podían matar en cualquier momento. Los guardias solían decirnos: “Nosotros podríamos matarlos en cualquier momento” o también: “ El mundo no sabe que ustedes están aquí. Nadie sabe que están aquí. Todo lo que saben es que ustedes han desaparecido, y nosotros podríamos matarlos y nadie se enteraría.”

Bob Herbert denunciaba: “Sabemos que algunas personas están encerradas en celdas que, en algunos casos, eran el equivalente de jaulas para animales y que algunos detenidos, desorientados y desesperados, han sido encadenados como esclavos y dejados solos para que se ensucien en su propia orina y heces. Los detenidos a menudo son pateados, golpeados, vapuleados y humillados sexualmente. Los períodos de aislamiento extremadamente largos, que dañan sicológicamente, son algo rutinario”

El caso de Rasul y sus dos amigos Asif Iqbal y Rhuhel Ahmed, presos en Guantánamo resulta ejemplificador de violaciones de derechos humanos y de violaciones legales y es absurdo, porque los tres son ciudadanos británicos de Tipton, porque viajaron a Afganistán llevando ayuda humanitaria y porque los tres fueron hechos prisioneros, entre millares de personas, después del fatídico 11 de septiembre de 2001. Al cabo de dos años de padecer todos los horrores de Guantánamo, fueron rescatados por los servicios secretos británicos.

GUANTÁNAMO – UN ÍCONO DE ANARQUÍA (1)

El 6 de enero del 2005, desde Estados Unidos, se distribuyó en todo el mundo, el siguiente documento elaborado por organizaciones norteamericanas defensoras de los derechos humanos:

Imagine esto.

Un gobierno extranjero toma centenares de ciudadanos de los Estados Unidos alrededor del mundo que luchan una “guerra para la seguridad nacional”. El gobierno en cuestión está reaccionando a un bombardeo reciente en su territorio que produjo millares de muertes de civiles, que fue instigado por una red con base en los Estados Unidos… Los detenidos, algunos de ellos niños, son atados, esposados y vendados, llevados con rumbo desconocido en aviones de transporte. Algunos de ellos son forzados a orinar y defecar en sí mismos durante los vuelos largos hacia una base militar en una isla. En este campo de prisión costa afuera, ellos se mantienen incomunicados en minúsculas celdas, en las cuales se niega el acceso a los abogados, parientes o las cortes, y son sujetos a repetidas interrogaciones y a un régimen punitivo dirigido a incentivar su “cooperación”. Una orden presidencial anuncia planes para tratar a algunos de los detenidos delante de entes ejecutivos con el poder de dictar sentencias de muerte, las cuales no darían derecho a apelación ante ninguna corte.

Los meses se convierten en años. Las declaraciones de tortura y de malos tratos a los detenidos de los Estados Unidos emergen de la base de la isla, al igual que los informes del deterioro psicológico e intentos de suicidio entre los detenidos. Los aprehensores admiten haber autorizado el uso de técnicas de interrogación, incluyendo la privación del sueño, posiciones de tensión, aislamiento, encapucharlos, privación sensorial y el uso de perros para inducir miedo. La evidencia muestra que estas y otras técnicas se han utilizado más extensamente que lo que las autoridades están dispuestas a admitir. Se sabe que las personas con el poder discutieron como, sus agentes, podían evitar un procesamiento por los crímenes de tortura y los crímenes de guerra que se cometieron durante las interrogaciones en la “guerra para la seguridad nacional”.

Algunos detenidos han sido liberados y devueltos a los Estados Unidos, ya que aparentemente no tenían o tenían lazos muy tenues a esta red. En cada vuelta, las autoridades continúan resistiendo esfuerzos para tener la legitimidad de las centenas de detenciones disputadas en la Corte. Todo el tiempo, continúa profesando su compromiso a las reglas de la ley y de los derechos humanos. Sus palabras se reconocen cada vez más como una vacía retórica, pero algunos otros gobiernos comienzan a imitar sus prácticas, usando la “guerra para la seguridad nacional”, como pretexto para su propia conducta represiva.

¿Toleraría los Estados Unidos este tipo de trato a sus ciudadanos por parte de otro gobierno? ¿Aceptaría la comunidad internacional esta amenaza a la ley y a los derechos humanos? Seguramente no, y sin embargo los Estados Unidos continúan perpetrando tales abusos lejos del campo hipotético de la prisión de la Bahía de Guantánamo en Cuba, en donde casi 550 detenidos, de más de 30 nacionalidades, siguen presos sin cargos o juicios. El 11 de enero del 2005, la prisión de Guantánamo entrará en su cuarto año. Con más de 1.000 días de detenciones, Guantánamo se ha convertido en un símbolo de una tentativa del gobierno de ponerse sobre la ley. El ejemplo que fija es de un mundo donde los derechos humanos básicos son negociables más que universales. Tal mundo, aunque está construido en el nombre de la seguridad nacional, es peligroso para todos nosotros.

La cuestión de la legitimidad en lo que se refiere a Guantánamo se puede dividir en cuatro categorías: el limbo legal de los detenidos; su tratamiento y condiciones; secreto y el sufrimiento de los miembros de la familia; y los juicios conocidos por la comisión militar.

Tribunal Dignidad, Soberanía y Paz Contra la Guerra
Agrupa a intelectuales y representantes de organizaciones sociales del Ecuador y se formó en el teatro Universitario de Quito al inicio de la última invasión estadounidense e inglesa a Iraq. IMPORTANTE: Para el Tribunal Dignidad, Soberanía y Paz contra la Guerra, serán muy valiosos sus comentarios y opiniones sobre este documento. Mail: [email protected]

Source: http://www.altercom.org/article5319.html#auteur982

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