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La conquista de la democracia en Europa y en América Latina

Debemos multiplicar las luchas, locales, puntuales, concretas, tejiendo nuevas redes solidarias

Rémy Herrera
La Haine

El tema de la democracia, en Europa y en América Latina, requiere -creo yo- unos comentarios preliminares a fin de disipar ciertos malentendidos vehiculazados por el «pensamiento único».
Con toda razón se habla a menudo del vasto movimiento de democratización en América Latina. Es cierto que ha habido un avance generalizado de las conciencias y progresos reales. Pero reconocer el hecho de que numerosos países de América Latina han dejado atrás las dictaduras militares neofascistas no significa por eso que la democracia existe en América Latina salvo excepcionalmente. Si bien hay una tendencia hacia la democratización, la democracia en América Latina no existe – al menos no todavía- salvo en algún caso excepcional.
Ciertos elementos formales de la democracia representativa, llamémosla «burguesa», están presentes pero estos elementos son los instrumentos de una mecánica política formalmente democrática que funciona casi exclusivamente en beneficio de los que poseen. Si bien existe una democratización, el poder permanece -salvo alguna excepción- en manos de las oligarquías, ricas, odiosas por certeras y totalmente sumisas al imperialismo de los Estados Unidos.
El factor de unidad que agrupa a los pueblos de América Latina es hoy, como en la época del Che, la realidad de esa alianza de las elites locales con las grandes finanzas estadounidenses, la sumisión de estos países al imperialismo por parte de sus elites consumidoras.
De cara al imperialismo, todos los pueblos luchan, dentro del cuadro nacional respectivo, por la conquista de la democracia, pero son tres los países que plantean un serio problema al imperialismo: Cuba, Venezuela y Colombia.
Por esto nuestra solidaridad debe dirigirse a todos los pueblos de América Latina pero muy especialmente a estos tres: al pueblo colombiano que resiste el Plan Colombia co-financiado pro Bush y Uribe ; a la revolución bolivariana, que resiste a las tentativas de desestabilizar el gobierno de su presidente Hugo Chávez ; y a la revolución cubana que resiste el bloqueo, las agresiones de Miami, y las sanciones de todo tipo de las que -no sorpresivamente- nuestras elites europeas se han hecho cómplices.

Yo digo «las elites europeas» en lugar de Europa como yo debería decir las «elites estadounidenses» en lugar de los Estados Unidos puesto que hemos visto, con el drama del huracán Katrina, la fosa que separa al pueblo de los Estados Unidos del ‘establishment’.
Lo que este drama ha demostrado es que Bush no está sólo en guerra contra los pueblos del Sur, sino que él está también en guerra contra los pobres en su propio país. Se podría pensar que la guerra ilegal, ilegítima, horrorosa que el gobierno de los Estados Unidos lleva a cabo en Irak podría «cohesionar» a las minorías y a los pobres estadounidenses alrededor de la nación, de la bandera de Estados Unidos. Pero son estos mismos pobres y estas mismas minorías las que no quieren olvidar tan pronto la manera con la que Bush ha reaccionado ante el desastre causado por el ciclón: una reacción de clase, una reacción racista, abandonando pura y simplemente a su suerte a los millares de pobres, muchos de ellos negros, tanto en Luisiana como en Mississipi. La única cosa que Bush ha sabido hacer fue enviar al ejército para disparar a quien se viera sospechoso de saqueo. Es ésta la «primer democracia del mundo»?

Retornemos a Europa. Yo decía «las elites europeas» más bien que Europa, ya que se escucha a menudo decir que Europa es el lugar privilegiado de la democracia. Es cierto que hay aquí, en Europa quizás más que en otros lados, espacios de derechos y de libertades, que han sido, no lo olvidemos, conquistados, arrancados al capital por las luchas de nuestros camaradas a través de las generaciones que nos han precedido.

Pero yo no creo que podamos dar lecciones a los otros, ya que es mucho el camino que resta recorrer antes que nuestras elites europeas acepten abrir aquí el debate sobre lo que éstas le hacen a los pueblos, sobre los que nuestras burguesías han hecho sufrir a los pueblos del mundo en el pasado: la esclavitud en las guerras coloniales, el fascismo en Europa actuando de sostén de las dictaduras neofascistas en América Latina. Mucho camino falta todavía para que se abra en Francia el debate sobre aquello que nuestras elites, los dirigentes de las transnacionales, los responsables del accionar del Estado hacen sufrir a los pueblos de Francia y el mundo: el mantenimiento de capas enteras de la población en la desocupación y la pobreza, el pillaje del Sur por las transnacionales (la corrupción) y por el Estado (las bases militares en Africa).

Mientras Francia continúe comportándose como país subimperialista, no habrá verdadera democracia en Francia. En tanto que Europa continúe sometiéndose al dictado de Washington, no será posible una democracia verdadera, participativa, en Europa.

No se trata aquí de minimizar la importancia del voto. Hemos votado el 29 de mayo, hemos votado por un «no», un no de clase, un no de esperanza. Pero si bien, para la mayoría de los franceses, la democracia se reduce a un paseíto a la mesa de voto un domingo por año, hacer una cola (en silencio), sacudir la cabeza al llamado de su nombre (en silencio), depositar un sobre en la urna (en silencio) y volver a su casa (en silencio), sin que nada cambie ; si esto es la democracia, es muy poca cosa.

Es esto que tenemos «el poder del pueblo, por el pueblo, para el pueblo»? No, lo que hay es una explosión de ganancias para las finanzas, y para nosotros la desocupación, el desmantelamiento de los servicios públicos, las deslocalizaciones, la competencia entre los trabajadores, la manipulación de las conciencias por los medios de comunicación, la alienación consumista, el pillaje del Sur, las guerras imperialistas de las finanzas. Lo que tenemos es un poder fuera del pueblo, contra el pueblo, es el poder financiero y especialmente de las finanzas estadounidenses. Esto que sufrimos es el neoliberalismo, la forma moderna del capitalismo. Y si este régimen se da por llamarse a si mismo «democracia», no es otra cosa que una «democracia de accionistas». Lo que nos ofrece el poder financiero no es una sociedad democrática, no es un mundo democrático.
Es democrática Gran Bretaña en la que el gobierno, votado por cierto, envía en contra de la voluntad de su pueblo al ejército a cometer crímenes en Irak?

Es democrática Italia, dirigida por otro votado, que tiene los grandes medios en sus manos y que colabora también en la matanza de inocentes en Irak?

Es democrática Polonia, arrodillada delante de sus nuevos dueños, los Estados Unidos, dando lecciones de libertad a los iraquíes?

Y Croacia, los países bálticos, que rehabilitan la memoria de viejos nazi de la Segunda Guerra Mundial?

Y el FMI que impone al Sur, siguiendo a Washington, políticas de ajuste de una violencia inaudita, una dictadura de mercado, un apartheid mundial, un genocidio silencioso de los más pobres?

Pero en fin, se dirá, Francia es un país democrático ya que su presidente ha sido elegido por el pueblo. Y elegido por un 82%! Y hoy, un 70% de franceses dicen no tener confianza en él! Se ha votado en contra de Le Pen, y Chirac se ha beneficiado llevando adelante la misma política neoliberal. Cuando una minoría impone una política antisocial a la mayoría, no es una democracia, es sólo una ficción, una ficción de democracia.

Votar para que cambie solo lo que hace falta para que nada cambie, no es una democracia. Alternar sin alternativa no es democracia, sino la convivencia de la derecha con el Partido socialista, es decir, la alianza de la vieja derecha con la nueva derecha.

Es un sistema político que tiende cada vez más hacia el de Estados Unidos, un bipartidismo con la forma de un juego entre dos únicos partidos disimulando al único partido, al partido del capital. La democracia no nos llegará como un regalo, sino que deberá ser conquistada.

Hemos votado «no» a la constitucionalización del neoliberalismo en Europa, «no» a la sumisión atlantista de las elites europeas. Hemos ganado. Ha sido escuchado nuestro voto? ha sido oída nuestra voz? No! todo sigue más o menos de la misma manera. Lo que se ha demostrado luego del referéndum es el carácter ficticio de esta democracia, burguesa, neoliberal. Es por esto que no debemos desmovilizarnos, ni descorazonarnos, ni dividirnos.
Debemos continuar la lucha, juntos, con el espíritu constructivo, tolerante, democrático que hemos tenido en la campana del «no» -y donde el Partido comunista francés ha jugado, es necesario decirlo, un rol decisivo, de eje organizador y logístico de la izquierda del «no», porque su dirección ha comprendido lo que las bases querían, o sea, una radicalización.

Radicalización de las críticas y de las luchas. Ya que, para avanzar, será necesario pasar de la crítica del neoliberalismo a la critica del capitalismo ; de la critica de la guerra a la crítica del imperialismo ; y de la crítica se deberá pasar a la construcción de alternativas. Será necesario un día decidirse y aceptar la evidencia de que no habrá jamás verdadera democracia, participativa, popular sin socialismo!

No habrá democracia sin socialismo, ni en América Latina ni en Europa. Pero también está claro que no habrá tampoco socialismo sin democracia. La historia nos lo ha enseñado: un socialismo sin la participación del pueblo está condenado, un socialismo sin que el pueblo domine su propio destino, no tiene porvenir. Y una de nuestras tareas será la de reconciliar socialismo y democracia, revolución y participación.

Por esto, lo que sucede en Venezuela es tan importante, ya que Venezuela es un laboratorio democrático para América Latina. Es deber de todos los progresistas apoyar la revolución bolivariana, a su pueblo, su presidente, sus misiones sociales, al ALBA. En cuanto a nuestros amigos cubanos, creo que el gobierno francés no tiene ninguna lección de democracia para darles. Lecciones de qué? De atención a los ancianos después de los grandes calores del verano? Lecciones de solidaridad hacia los pobres, con los millares de personas sin vivienda y con la cantidad de familias que viven en condiciones lamentables? Lecciones de acogida de los extranjeros, cuando las expulsiones de los ‘indocumentados’ se multiplican?

Lecciones de gestión pública, cuando la derecha privatiza EDF (Electricidad de Francia) que ha sido una empresa modelo del servicio público? Lecciones de libertad de prensa, con una prensa vendida a la industria militar y a los patrones?

Es cierto que las libertades de pensamiento y de expresión deben ser los pilares del socialismo. Pero de qué libertad de expresión hablamos? De la de los medios de comunicación en Europa, en Francia, que mienten, que nos bombardean con propaganda, que manipulan las conciencias? De la medios en Colombia, a los órdenes de Uribe y de los paramilitares -que repiten que las FARC no son otra cosa más que bandidos sin fe ni ley-? De la «libertad» de la mafia (anti-)cubana de Miami que dice que es necesario ‘tres días de impunidad’ una vez que los marines yanquis desembarquen en la Habana, para así ejecutar los ‘castristas’? Libertad o incitación al odio? Hablamos de la ‘democracia’ de la oligarquía de Caracas que declara, en la TV, libremente, que hay que extirpar al ‘tirano’ Chávez del palacio presidencial y matarlo? Democracia o apelación a la muerte? Esta es la concepción de democracia que tiene la extrema derecha de Le Pen!!

Los enemigos que enfrentamos hoy son los mismos de ayer, los que en 1954 sofocaron los sueños de democracia en Guatemala, los que derrotaron la democracia naciente en el Chile de Allende, los que golpearon a muerte a la revolución sandinista en Nicaragua, los mismos que han ayudado y hasta formado, con oficiales franceses que participaron en la guerra de Argelia, a torturadores durante el plan Cóndor, los mismos que han torturado en Brasil, Argentina, Uruguay, Salvador para imponer las dictaduras sangrientas del neoliberalismo al que llaman «democracia». Esto no es más que una farsa de democracia. Lo que hoy tenemos frente a nosotros es la alianza de las oligarquías latinoamericanas neoliberales y las elites europeas neoliberales, con el imperialismo de los Estados Unidos, en guerra declarada contra los pueblos del mundo, contra los pobres del Sur y contra los pobres del Norte, los pobres de sus propios países. De cara a estos enemigos nos debemos unir, organizarnos, reanudar la lucha con tolerancia (aceptar nuestras diferencias) y con un cierto radicalismo (un espíritu revolucionario).

Sepamos entonces unirnos como cuando la victoria del «no» el 29 de mayo -permaneciendo vigilantes para que las bases impongan la democracia a las direcciones sindicales y a sus militantes, contra eventuales amagos derechosos como fue el caso de la CGT (Confederación General del Trabajo) cuando la dirección opta por un «sí» y las bases logran imponer su «no».
Sepamos resistir las mentiras de los medios sobre las luchas populares de América Latina, sobre Venezuela, Cuba, las guerrillas colombianas, como hemos sabido resistir las mentiras de la campaña del referéndum en Francia.
Sepamos reconstruir las bases de una solidaridad con nuestros hermanos latinoamericanos y de un nuevo internacionalismo.

Y sepamos volver a hablar de socialismo pero como una necesidad histórica de defensa de la humanidad contra la barbarie imperialista.

Digo esto porque, de la misma manera que la ideología del capitalismo ha sabido perfeccionar la democracia burguesa a punto de hacer creer que la democracia es el voto (incluso en las sociedades con mayores desigualdades en las que domina la alienación del mercado, y que ni siquiera poseen soberanía nacional), es esta misma ideología capitalista la que da la ilusión de que el poder es la victoria electoral. Pero, después de Allende, sabemos bien que una cosa es conquistar el poder, y otra es ejercerlo.

Muchas de nuestras victorias electorales, tanto en América Latina como en Europa, son avances de la izquierda, pero también y quizás sobretodo reflejan la pujanza de las clases dominantes que optan por líderes de la izquierda (Lula en Brasil, Fabius en Francia) para neutralizar las luchas de las organizaciones de masas y continuar las políticas neoliberales que la derecha no ha llegado a imponer.

Puesto que la reacción está siempre en el Estado y la economía, y porque el imperialismo domina el sistema mundial, capas enteras del aparato del Estado continúan evitando a las fuerzas de izquierda a pesar de la conquista del poder. El poder económico no estará en las manos de revolucionarios hasta tanto la revolución no se haya radicalizado, hasta que no se tomen medidas de democratización de la sociedad, de justicia social, de liberación nacional, y sobre todo gracias a la participación del pueblo, es decir, en tanto que la revolución no haya consolidado sus bases antiimperialistas y anticapitalistas.
Es por esto que (volver a) hablar de transición al socialismo y de reforzamiento de la democracia, de reformas agrarias y democráticas, de nacionalizaciones y democracia, de planificación y democracia, de poder popular, es tan importante y tan necesario.

Es por esto que debemos multiplicar las luchas, locales, puntuales, concretas, tejiendo nuevas redes solidarias entre los trabajadores, con los desocupados, con los indocumentados, con un nuevo espíritu revolucionario e internacionalista.

Es por esto por lo que debemos seguir resistiendo, seguir esperando y seguir sosteniendo nuestros sueños. Y, en Francia y en todo lugar, enfrentados al capitalismo y al imperialismo, una vez más y siempre, decir NO!

Investigador del CNRS y docente de la Universidad de París 1.
Fiesta de L’Humanité, Septiembre 2005
Traducido para La Haine por Alicia Fretes
www.rebellion.org

Pubblicato da Truman